Úbeda, 18 de diciembre de 2017
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El Archivo Municipal de Úbeda
 
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El Archivo Municipal de Úbeda surge, sin necesidad de una norma específica de creación, a partir de la conquista definitiva de la ciudad por Fernando III en 1233. La mera existencia del Concejo ubetense, con las capacidades jurídicas para intervenir en la vida social, política y económica de la comunidad fijadas en su Fuero, genera una actividad de naturaleza esencialmente jurídica y administrativa que, documentada por escrito, constituye el origen del Archivo de nuestra ciudad.

En sentido estricto, el fondo municipal arranca del 14 de febrero de 1235 y llega hasta nuestros días. Se trata de un fondo vivo que continuamente se sigue incrementando como consecuencia de la actividad municipal en sus relaciones tanto con los ciudadanos como con el resto de las instituciones del Estado.

Dentro de este fondo hay que señalar la existencia de una gran colección diplomática. Es además la más antigua de Andalucía con la sola excepción de la de Baeza que, conquistada unos años antes que Úbeda, conserva un documento de 1231. Esta colección diplomática, junto con el resto de los documentos medievales, es una fuente importantísima para el estudio no sólo de la actividad en la ciudad de Úbeda, sino de todo el Alto Guadalquivir y, en alguna medida, de toda la Andalucía cristiana. No hay que olvidar que Úbeda fue, junto con Sevilla, Córdoba y Baeza una de las ciudades mayores de Andalucía en el momento de la Reconquista.

El Fondo Municipal en su conjunto, con las series constituidas por los Libros de Actas de Cabildo (que se inician aunque de forma fragmentaria en 1461), los Padrones de Repartimiento, Pósito, Yeguas, Propios y un largo etcétera de documentación que se completa hasta nuestros días, constituye la fuente indispensable para el estudio de una ciudad como la nuestra en la que al esplendor de su arquitectura une una rica historia, relevante en ocasiones dentro de la política general de todo el Reino de Castilla.

Pero si al principio hablamos de archivo como conjunto orgánico de documentos, testimonio de la actividad de una determinada institución, el Archivo Municipal de Úbeda es o más que un archivo o más de un archivo. Junto a la documentación estrictamente municipal, a la que nos hemos referido como “fondo municipal”, existen otros conjuntos documentales que proceden de la actividad de otras instituciones y, en algún caso, del propio Ayuntamiento pero ejerciendo funciones que hoy corresponden a otros poderes del Estado.


Nos referimos en primer lugar al Fondo de Protocolos Notariales. Desde que a comienzos del siglo XVI se impuso a los entonces “escribanos” y hoy notarios la obligación de conservar los instrumentos originales y encuadernarlos ordenados cronológicamente “por cada un año”, surge en nuestro país el protocolo notarial. Úbeda, como cabecera de Partido Judicial, ha concentrado a lo largo de la historia, particularmente desde mediados del siglo XIX, todos los protocolos de las distintas escribanías no sólo de la ciudad, sino también de Torreperogil, Sabiote, Jódar y Rus. El valor singular que tanto para la historia como para la fe pública de las relaciones privadas tiene este Fondo, lo ha configurado con una dependencia mixta. En cuanto a conjunto de instrumentos públicos garantes de las transacciones entre particulares depende absolutamente del Notario Archivero de la ciudad. Sin embargo, en cuanto a instrumento de investigación histórica (carácter que legalmente sólo se le reconoce cuando cuentan con más de cien años de antigüedad) su organización, descripción y servicio al público la lleva a cabo el propio Archivo Municipal.

La importancia histórica del protocolo notarial es, en todos los puntos de España, indiscutida. La capacidad de penetración en los hechos históricos que nos proporciona es fundamental para el conocimiento de nuestro pasado. En el caso de nuestra ciudad, en la que el desarrollo del Renacimiento tuvo un carácter excepcional, el protocolo es, ha sido y será sin duda, la fuente de todos los estudios que pretendan, de un modo científico y contrastable, ahondar en la actividad de una amplia nómina de artistas que comprenden desde los canteros hasta los alfareros, pasando por pintores, rejeros, escultores, orfebres y toda una panoplia de actividades a medio camino entre el arte y la artesanía que han configurado la ciudad y su entorno.

Pero junto a este valor, indudable en una ciudad como la nuestra, se unen otros aspectos que nos permiten conocer los tipos de cultivos de cada época, la evolución de los precios, las relaciones comerciales, familiares, patrimoniales y hasta espirituales de una sociedad que, como la de la Comarca de la Loma , atravesó momentos de esplendor junto con otros de profunda penuria.

Otro fondo de carácter excepcional lo constituye el denominado Judicial. Se corresponde con un momento histórico en el que la administración de justicia era una emanación más del poder soberano de monarca. Hasta que se instaura la división de poderes (que no olvidemos sólo aparece con claridad en Europa tras la Revolución Francesa y el triunfo de los postulados de Locke y Montesquieu), la administración de Justicia está encomendada a los mismos funcionarios que tienen a su cargo la administración general y local. Así, como producto de la actividad del Corregimiento y del propio Concejo ejerciendo facultades jurisdiccionales, se resuelven los litigios ante el Corregidor, sus Tenientes y los Alcaldes Mayores de la ciudad. Fruto de esa actividad lo constituye este Fondo Judicial que se extiende desde el siglo XVI hasta comienzos del XIX.

Este fondo, que nos informa de los conflictos interpersonales en el ámbito civil, que nos da noticia de las violaciones del orden penal (y del concepto mismo de delito en cada momento de la historia) e incluye la tutela de determinados bienes socialmente protegidos (curadurías, incapacidades, etc.), resulta imprescindible, junto con el protocolo, para rescatar la historia de lo cotidiano.

Otros dos fondos conserva el Archivo. Uno de ellos, de muy corta extensión, se corresponde con documentos en pergamino procedentes de la antigua Iglesia Colegial de Santa María de los Reales Alcázares. Fueron adquiridos en la década de 1950 por el Ayuntamiento y, desgraciadamente, constituyen casi la única documentación antigua conservada de nuestra antigua Colegiata.

El fondo de la Casa Cuna está constituido por la documentación que, conservada en el Hospital de Santiago, pudo rescatarse una vez que el edificio dejó de tener carácter hospitalario y comenzó su rehabilitación. Gracias a ello se ha podido desvelar una parte importante de la situación de la marginalidad en nuestra ciudad.

 

 

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